Navegar por el aire
Los ríos voladores —corrientes aéreas que transportan vapor de agua desde la Amazonía hacia el sur de Brasil— son estudiados en un proyecto pionero que combina aventura, ciencia y educación.
El timonel Gerard Moss inclina la embarcación algunos grados a babor. Un pequeño ajuste en la ruta y alcanzamos la corriente principal del río. Es una cuenca de ríos amplios: algunos pueden tener hasta 800 kilómetros de ancho. El motor (de proa, y no de popa, como se podría esperar) hace mucho ruido, lo que dificulta la conversación dentro de la nave. Todo el entorno es azul y blanco, colores que también adornan nuestra embarcación. Es el azul del cielo y el blanco de las nubes, ya que estamos a cerca de 3 mil metros de altitud. Nuestro "barco" es el avión monomotor PTRXE (Romeo), en el que Moss, nuestro "timonel", navega. La "corriente" en cuestión es un río volador: un curso de agua atmosférico, invisible, que transporta por los aires humedad y vapor de agua desde la Cuenca Amazónica, en el norte de Brasil, hacia otros puntos del país. Y cuya "desembocadura" influye, de modo decisivo, en el clima, las lluvias y la humedad, al "desaguar" en regiones a miles de kilómetros.
"Los ríos voladores transportan las moléculas de agua por el aire, a través de los vientos que vienen del océano Atlántico, entran en la selva amazónica y la contornan. Allí, hacen una curva, se dirigen hacia el centro oeste y hacia el sur de Brasil. Y, desde allá, pueden llegar hasta Argentina", explica Pedro Leite da Silva Dias, profesor del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas de la Universidad de São Paulo (USP) y uno de los coordinadores científicos del proyecto Rios Voadores (Ríos Voladores). Desde 2007, la ciencia —por medio del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) y del laboratorio del Centro de Energía Nuclear en la Agricultura (Cena) de USP— busca estudiar y explicar ese fenómeno uniendo fuerzas con la aviación, personificada en Gerard Moss, piloto que ostenta dos vueltas alrededor del mundo en su currículo, creador y realizador de diversos proyectos ambientales. Moss resume con precisión: "Los ríos voladores son imaginarios, pero el agua que circula por ellos es muy real".
"Navegar" por los ríos voladores a bordo del avión de Moss viene permitiendo que meteorólogos y estudiosos del cambio climático entiendan cómo la condensación de agua en la región amazónica influye en la formación de lluvias en las regiones sur y sureste de Brasil. Tres cuartas partes de la lluvia que cae sobre la Amazonía regresan a la atmósfera en forma de vapor, originario de la evaporación de los ríos y de la transpiración de los árboles. Transportada por los vientos alisios, predominantes en el verano, esa agua evaporada se desplaza hacia el Sur, formando los ríos voladores. Tan pronto como los técnicos del Inpe determinan que las condiciones son las ideales para seguir el curso de uno de esos ríos "virtuales", Moss levanta vuelo desde su base aérea en Brasília. El viaje puede ser en avión (durante el verano, cuando los ríos voladores presentan una mejor formación) o en un globo (en otoño y en invierno, para estudiar las masas de aire estacionadas sobre la selva).
"Son campañas de siete a diez días, planeadas en función del desplazamiento de esos ríos voladores", relata Moss. El avión vuela en un rango de entre mil y tres mil metros de altitud. Un filtro succiona el aire exterior, cargado de humedad. Dentro de los tubos de vidrio, ese aire es enfriado hasta condensarse, a -780C, formando gotas de agua en estado líquido. En el suelo, en los laboratorios del Cena, en Piracicaba (SP), se revisan y se analizan las muestras recogidas por Moss. "No conocíamos nada sobre la composición de ese vapor. Ir al encuentro de la masa de aire cuando esta se mueve sobre el continente es una aventura que aporta informaciones muy relevantes", cuenta el investigador Marcelo Zacharias Moreira, que, en el Cena, intenta desentrañar el "ADN" del vapor recogido por Moss: desde dónde vienen aquellas moléculas de agua, hacia dónde se dirigen, cuál es su composición química. "Las muestras que recogimos sirven para comprobar teorías importantes. Un solo árbol de gran tamaño puede evaporar mil litros de agua por día. ¿Hacia dónde va? Toda esa agua puede convertirse en lluvia en São Paulo", conjetura el piloto.


En su primera etapa, este proyecto emprendió 12 campañas aéreas, recorriendo principalmente los estados de Pará, Amazonas y Rondônia, y el bioma del Pantanal, en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul. Un único viaje a lo largo del "curso" de un río volador se extendió por 3.800 km, desde Belém, en el estado de Pará, hasta la capital del estado de São Paulo. Se recogieron más de 500 muestras, entre 2007 y 2009.
El profesor Enéas Salati, veterano investigador del Cena, es autor de 150 trabajos científicos relacionados con temas ambientales, recursos hídricos y los impactos de las actividades humanas en el clima. Es también uno de los creadores del exitoso método de análisis de la composición de los ríos voladores. Según nos cuenta, la prioridad ahora es la segunda etapa del proyecto, que engloba eventos, charlas y visitas a escuelas públicas de las ciudades de Brasília (Distrito Federal), Chapecó (estado de Santa Catarina), Cuiabá (estado de Mato Grosso), Londrina (estado de Paraná), Ribeirão Preto (estado de São Paulo) y Uberlândia (estado de Minas Gerais). Esas ciudades se ubican en regiones donde el fenómeno formado en la región amazónica influye en la cantidad y en la calidad de las lluvias. Moss y el equipo del proyecto participan en exposiciones explicativas sobre los ríos voladores, además de coordinar talleres de formación para profesores del sistema público de enseñanza, en los que explican el fenómeno y transmiten otras nociones sobre el clima y las condiciones hidrográficas y meteorológicas en Brasil, distribuyendo también material didáctico para clases.
"Es importante reunir varias instituciones y núcleos de investigación, pero también es fundamental implicar a la sociedad", explica Salati. Para los investigadores, la sensibilización de las personas acerca de la existencia de los ríos voladores puede ayudar a preservar la naturaleza. Los esfuerzos contra la deforestación se intensificarían a partir de la consciencia de que la tala de árboles en la Amazonía puede disminuir la cantidad de agua evaporada que circula en los ríos voladores. Esa misma agua evaporada es capaz de generar humedad y lluvias en otros lugares, influyendo en el clima de regiones muy distantes de allí. La prioridad de los investigadores ahora es tratar de entender cuánto del vapor transportado por los ríos voladores acaba transformándose en lluvia que cae sobre el sur y el sureste de Brasil.
Esta unión entre ciencia, universidad y aventura despierta, y mucho, la curiosidad de los niños. "Lo que no logro resolver con la tecnología de hoy, tal vez pueda solucionarlo en el futuro alguno de los niños que ahora están entendiendo este fenómeno", dice Salati. El Programa Petrobras Ambiental también defiende la utilización de la educación para incentivar la preservación del medio ambiente. "La empresa patrocina este proyecto desde su inicio, y cree que iniciativas como esta contribuyen a acercar asuntos importantes, como el cambio climático, a la realidad de las personas. La herramienta utilizada es la educación ambiental, una actividad inherente a todos los proyectos patrocinados", afirma Rosane Aguiar, gerente de Programas Ambientales de Comunicación Institucional de Petrobras.
Siempre en movimiento
"La vida es corta. Uno no puede quedarse parado". Es el lema del piloto Gerard Moss, quien, al lado de su mujer, la keniana Margi, une su gusto por los viajes a una declarada pasión por la naturaleza y por su preservación. Nacido en Suiza y radicado en Brasil desde 1982 (después de pasar por Hong Kong, Estados Unidos y Australia), Moss se hizo famoso por completar dos vueltas alrededor del mundo pilotando aviones propios: un monomotor, en 1989, y un motoplaneador, en 2001. Dos años más tarde, inició el proyecto Brasil das Aguas, también patrocinado por Petrobras. Entre octubre de 2003 y diciembre de 2004, recorrió más de 120.000 km en un avión anfibio, recogiendo muestras del agua de ríos y lagos en todas las regiones de Brasil. Una vez analizado, el material permitió la identificación de ambientes con aguas aún no contaminadas, información fundamental para que puedan ser preservados. "El agua es importante, viene desde lejos, cuesta caro... y un día nos va a hacer falta", alerta el aviador.
Agua y Clima, dúo fundamental
El interés de Petrobras en proyectos como Rios Voadores (Ríos Voladores) forma parte de un plan más amplio. La edición más reciente del Programa Petrobras Ambiental, cuyo tema justamente es "Agua y Clima: contribuciones para el desarrollo sostenible", apoya proyectos de la sociedad dirigidos al estudio y la preservación de lagos, ríos y mares brasileños y de la naturaleza que depende de esos ecosistemas. La inversión de la Compañía en iniciativas voluntarias de preservación ambiental va en aumento: dio un salto desde 17 millones de reales, en 2004, a 257,7 millones de reales el año pasado. Proyectos como Águas do Cerrado (que recupera arroyos y ríos en el interior del estado de Goías) y Lagoas Costeiras (que estudia las lagunas del litoral del estado de Río Grande do Sul) reflejan la importancia que este tema tiene para Petrobras. "Invertimos en iniciativas de todas las regiones que contribuyen a la promoción del desarrollo sostenible", nos cuenta la gerente de Programas Ambientales, Rosane Aguiar. Conozca más en http://www.petrobras.com.br/ minisite/ambiental/.

Por: Marco Antonio Barbosa
Fotos: Stefan Hess e Margi Moss
Infográfico: Gabriel Gianordoli










